Él tenía 14 años. No era ni demasiado flaco ni demasiado
gordo, yo diría que estaba justo en el punto medio. Era bastante alto y
musculoso, aunque nunca usaba sus músculos para herir a nadie. No sabría como
describir su pelo, pues no tenía forma concreta pero era de color
castaño
oscuro. Sus ojos eran
marrones pero no esa clase de marrón, era un marrón muy
oscuro que transmitía tranquilidad, como si con un solo vistazo pudiera calmar
a el más violento
león. Parecía el típico chico al que todo el mundo adora pero,
sin embargo, él no lo pretendía. Era un chico bastante reservado aunque
simpático. Él era muy cabezón, creía que todo lo que decía era cierto y, muy a
mi pesar, lo era. No era como los demás compañeros de clase que lo único que
querían era que hubiera un poco de silencio para poder hacer una gracia, no, él
quería aprender todo lo que la vida le pudiera enseñar y eso también incluía
las fiestas. No se perdía ni una, quizás fuera porque no tenía nada mejor que
hacer o porque le encantaba bailar, no lo sé, la cuestión es que no se perdía
ni una, siempre que tuviera invitación, que era casi siempre. Era un chico muy
profundo y, de vez en cuando, escribía alguna historia. También adoraba
cantar
aunque no le salía tan bien como él creía. Se le daba muy bien el inglés, a
veces se hacía pasar por un extranjero aunque solo fuera para burlarse de los
demás. Su sueño siempre fue
ver mundo. Quería viajar a un montón de países para
poder disfrutar de sus paisajes y costumbres, y quizá algún día quedarse allí a
vivir. Yo siempre había pensado que nunca podría irme de mi pueblo y,
realmente, me resultaría muy difícil pero por los tiempos que corren veo que
algún día tendré que hacerlo, y ya me lo dijo él: "Algún día tú también
querrás irte de aquí", y ya sabéis, él siempre tenía razón.
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| El dibujo lo ha hecho una amiga mía que dibuja genial |